Historia de un ídolo: RICARDO MONTANER (VI)


En esta sexta entrega del libro “Como se Llega a la Cima del Cielo”, nos enteraremos de la perseverancia de Ricardo Montaner por lograr su objetivo y de su frase: “...me voy a retirar de la universidad, yo lo que quiero es ser cantante y todo el tiempo se lo quiero dedicar a la música, porque estoy seguro que voy a llegar a ser tan grande como José Luís Rodríguez (El Puma)”.

REPRESENTACIÓN ZULIANA ANTE VISITANTES:

Disfrutando Ricardo Montaner de su nueva imagen, se fortaleció su presencia en los espectáculos musicales más importantes que se realizaban en la ciudad de Maracaibo. Eso significó que cuando figuras internacionales de la talla de Raphael, Camilo Sesto, Los Panchos, José Luís Perales, Danny Rivera y la propia Mirla Castellanos (la primerísima), eran contratados para actuar, la estrella del patio, el telonero, el cantante que compartía tarima con ese intérprete, era justamente Ricardo Montaner. Era el que tanto los empresarios como el público querían tener en esos escenarios. A propósito de ello, al hispano Raphael le gustaba su presencia y le decía a los empresarios que lo contrataban a finales de la década de los setenta y comienzo de los ochenta, Miguel Ángel Martínez y Argenis D’Arienzo, que lo dejaran cantar todos los temas que él quisiera y era así como Montaner, que estaba previsto que cantara tres o cuatro temas, entonces interpretaba hasta siete y ocho en su show.

ANTES DE CARACAS, ESTUDIA Y PRONÓSTICA:

Mientras trata de agarrar mayores impulsos y seguir insistiendo en conquistar Caracas, para lo cual viajaba en las oportunidades que podía, pero los resultados seguían casi en cero, Montaner, que se había inscrito en la Escuela de Periodismo, de la Universidad del Zulia, (como lo señalamos anteriormente), ante el ruego de su suegro Lino Vaz Araujo, profesor de esa especialidad, asistía regularmente a clases y cursaba materias del cuarto y quinto semestre.

Allí era compañero de aulas, precisamente del autor de este libro y una mañana durante un receso, soltó la siguiente expresión, “Orlando me voy a retirar de la universidad, yo lo que quiero es ser cantante y todo el tiempo se lo quiero dedicar a la música, porque estoy seguro que voy a llegar a ser tan grande como José Luís Rodríguez (el puma)”. Justo ese año 1978, el impositor de “El Pavo Real”, había tenido un éxito sin precedentes, como invitado especial del Festival de Viña del Mar, en Chile.

Así de convencido, de lo que quería o quiere es Ricardo Montaner. Siempre ha sido perseverante en su deseo de llegar a conquistar el mundo, musicalmente hablando. Nació y se preparó para ello y a pesar de haber tenido que sacrificar cosas muy suyas y hasta colocar barreras a ciertos sentimientos, como se explicará más adelante, logró su propósito, que era encontrar y afianzarse en lo que siempre deseó, ser un cantante de fama. Tan trabajador, constante y profesional es nuestro personaje, que actualmente, es decir en esta década del 2000, siendo súper estrella continental, Ricardo se esmera como el primer día, como si le faltara para llegar “a la cima del cielo”, la cual en realidad ha conquistado en varias oportunidades y le ha dado la vuelta al continente americano con su espectáculo en reiteradas ocasiones.

Ricardo tenía tanta confianza en que llegaría a ser un cantante de renombre, que a pesar de ser un artista del Zulia, que aún no había podido penetrar en la capital de la República, sentía el orgullo de los predestinados al triunfo y por eso no aceptaba ciertas proposiciones, donde el se sintiera utilizado. Ocurrió algo en torno a él, en los primeros años de la década de los ochenta, cuando anunciaron en Maracaibo, que se iba a realizar la pelea por el campeonato mundial de boxeo, en la categoría de los pesos moscas, entre el monarca argentino Santos Laciar y el ex tricampeón venezolano Betulio González.

Esa pelea fue organizada por el famoso empresario boxístico del Zulia, Ramiro Machado Corzo y la misma tenía como escenario, el salón Bolívar del Hotel del Lago Intercontinental. Este buscó a Ricardo y le dijo, “oye Montaner, un paisano tuyo va a pelear en los próximos días aquí en Maracaibo, te tengo una oferta buenísima… ya conseguí quien me cante el Himno Nacional de Venezuela y como vos sois argentino cántame el Himno de tu país”. Ricardo le respondió con una pregunta ¿Y cuanto me vais a pagar? …El empresario Ramiro Machado se sonrió y le dijo “estais loco Ricardo, lo que te estoy es haciendo un regalo para que te promocionéis a nivel internacional. Déjame decirte que esta pelea la van a ver en toda América Latina y parte de los Estados Unidos, por televisión vía satélite”….El entonces juvenil cantante, muy tranquilamente le respondió” si no me pagais no cantó, porque vos te vais a meter una bola de billetes y a mi me quieres poner a cantar de a gratis”.

Montaner con su primera esposa la médico Ana Rosa Vaz

El empresario boxístico no aceptó pagar y por supuesto Ricardo Montaner no cantó el himno de Argentina. Esa noche del encuentro boxístico, se escuchó el himno de los argentinos, pero a través de una cinta grabada. Por cierto que ese combate lo ganó el campeón mundial Santos Laciar por decisión de los jueces, quedando así frustradas definitivamente las aspiraciones que tenía el zuliano Betulio González, de obtener un cuarto título mundial en la categoría de los pesos moscas.

Posiciones como esa adoptaba Ricardo, lo que daba una idea de cómo veía él desde sus años de juventud, el trabajo profesional. Otra demostración de esa manera que siempre tuvo de ver lo que hacía musicalmente, era cuando a los dueños de cervecerías y centro de espectáculos en general, les exigía que le pagaran un “poquito más” de lo que originalmente le ofrecían, porque a él no le gustaba cantar acompañado de “pistas o cintas grabadas”. A él le gustaba cantar acompañado de su grupo o banda musical, porque según su criterio, así es como deben cantar los profesionales. Con ese dinero extra que pedía, Montaner le pagaba a los músicos de su banda, como él les decía.

Con estos mismos músicos, llegó a presentarse en varias ocasiones en un sitio donde él era socio con un hacendado de nombre Edwin Márquez, llamado Pent House Club, que funcionaba en la parte más alta de un edificio de 18 pisos, del Banco Comercio, en la importante avenida 5 de Julio y cuya institución financiera ya desapareció. En esta construcción, que tenía muchos problemas con los ascensores y por eso tuvo que desistir de ese negocio, Montaner actuaba para la gran cantidad de gente que allí asistía (a pesar del ascensor), porque era un ambiente bastante agradable y los visitantes querían compartir con Ricardo, que de paso hacía allí de todo, desde mesero, anfitrión, animador, cantante y lo que se necesitará para una buena atención.

EN 1985 SALTO DECISIVO A CARACAS:

A mediado de los años ochenta, Ricardo ve una buena oportunidad para mantenerse más seguido en la capital de la República y de esa forma hacerle seguimiento a su objetivo, que era conquistar el país musicalmente. Ya se había dado la firma de un contrato con la disquera número uno en ese momento en Venezuela, eso ocurrió en 1984, pero la grabación de su primer disco con esa empresa, de nombre Sonorodven, no se concretaba. Varios de sus directivos entre ellos Rodolfo Rodríguez, lo habían visto cantar durante una presentación que tuvo en la ciudad de Mérida, estado andino de Venezuela, durante la Feria del Sol y los impactó de tal manera, que lo ubicaron para negociar y le preguntaron que si tenía contrato con alguna disquera, respondió que no y de inmediato motorizaron todo lo necesario, para asegurar su firma. Una de las personas que influyó en esto y ayudó para que lo firmaran, fue el abogado Alcides Rafalli, que en ese tiempo era el consultor jurídico de esa disquera.

Como pasaba el tiempo (casi dos años) del momento de aquella firma y no llegaba la grabación, entonces el cantante aprovecha la ocasión como dijimos anteriormente, para ubicarse en Caracas y estar pendiente en forma personal de su negocio, que era convencer a Sonorodven , que finalmente le hicieran su disco, que en aquellos momentos eran elepé, con material de vinil.

Es entonces cuando el artista piensa en el autor de este libro, que a finales de 1984 se había radicado en Caracas, en una residencia para caballeros, ubicada en el sector de San Bernardino y justo llega a esa ciudad, es a trabajar en el departamento de prensa de la mencionada disquera Sonorodven, con sede en el lujoso sector Prados del Este.

“Montaner, que tiene estrecha relación de amistad conmigo, me dice que le gustaría vivir en ese mismo sitio y yo que conozco perfectamente su situación artística y económica, le dije que hablaría con los dueños de esa pensión, para que nos permitieran compartir un mismo cuarto, con dos camas individuales, ¡¡claro está¡¡, para que así los gastos fuesen bajitos,. porque entre ambos cubriríamos lo necesario. Hablé con Don Pepe Conrado y Doña Nina, una pareja de españoles, que tenían allí a uno de sus hijos, Alfredo, un excelente muchacho de veinte años, que desde el primer momento mantuvo excelente relación con nosotros”.

“Aceptadas las condiciones que le mencioné a los señores Pepe y Nina, Ricardo se anima y decide mudarse los primeros meses del año 1985. Allí nos acomodamos y el costo de la habitación, un mil quinientos bolívares mensuales, los compartíamos. En los gastos de alimentación, también nos ayudabamos. Si yo tenía un poco más, pues gastaba más, pero si era él quien conseguía dinero, sobretodo del que le enviaba su esposa Ana Rosa, desde Maracaibo, pues, entonces él gastaba más. Así mitigábamos esas necesidades, para sobrevivir de buena manera en una ciudad tan exigente como es la capital del país”. Claro, había meses que no teníamos para pagar completo y allí se le salía la clase de comerciante a Doña Nina y nos decía “o pagan o se tienen que ir de la residencia”.

“Así las cosas, yo laboraba en la disquera en referencia y Ricardo trataba de obtener información a través de mí, de cómo andaba lo suyo y yo en la medida que podía orientarlo, pues lo hacía. Llegó a suceder, que a Ricardo le habían asignado un productor para que le grabara ese primer disco que no terminaban de hacer. El productor en referencia de nombre Carlos Montenegro, en más de una ocasión que Montaner llegaba a la recepción de Sonorodven a preguntar por él, se negaba y le decían al artista que el señor Montenegro estaba fuera de la empresa, lo cual era falso, porque si estaba en su oficina, ya que yo lo veía y sabía que se le escondía. Entonces el artista, molesto, apesadumbrado, me llamaba por teléfono o esperaba a que yo llegara a la residencia en horas de la noche y cuando me comentaba su frustración, yo como su amigo, le aclaraba que el productor se había negado, pero que tenía que seguir insistiendo, porque esas cosas de empresas grandes, muchas veces las manejan así”...

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